6.20.2017

Un mundo hecho y pensado para los coches


Durante estas semanas uno de mis amigos tuvo que dejar su coche en el taller para una reparación, y me contaba que no sabía cómo hacía yo para poder estar sin automóvil. Me decía también que una hermana de su mujer, que vivía en un pueblo, no tenía carnet de conducir y que sin él estaba totalmente vendida. Cuando tenía que moverse para ir a algún sitio (los pueblos cada vez se están quedando sin más servicios) tenía que depender siempre de alguien, y adaptarse a los horarios, de las personas que tuvieran que llevarla.

Esa persona comprobó (más bien "sufrió") en carne propia los desastres que tenemos que soportar los que nos vemos obligados a usar transporte público a diario. Mientras me contaba sus desventuras la palabra que más se repetía era "vergüenza": "cómo pueden dar ese servicio, es de vergüenza"; "cómo esperan que la gente use transporte público así..." Y un largo etcétera.




Me hablaba de las colas de personas que tenía que soportar para coger un simple billete (y eso cuando tienes la suerte de ir a una estación con alguien en la ventanilla, porque de lo contrario solo te queda recurrir a la maldita "maquinita" expendedora, y reza para que no esté estropeada o llena de mocos), de los horarios totalmente anárquicos de las líneas, o de autobuses llenos hasta el tejado a unas horas, y vagones de tren vacíos e incluso sin revisor, a otras...

Es la pescadilla que se muerde la cola: por una parte lo intentan "modernizar" haciéndolo todo automatizado para ahorrar, lo que espanta a viajeros más ancianos (con razón), que eran los que más usaban, casi siempre, transportes como el ferroviario. Por la otra, ellos mismos obligan a la gente a que no use el transporte público, y como cada vez hay menos que los utilizan, aducen la falta de viajeros para así tener excusa y recortar líneas, cerrar estaciones... En fin, un desastre.


Por supuesto, todo esto tiene una razón, y no es mas que reforzar la industria número uno en España: la del automóvil, sostenida por multimillonarias subvenciones públicas que ahora hay que recuperar como sea, y entre ese "como sea" se encuentra el empujarnos a comprar y usar automóviles privados.

Hace unos años me desplazaba semanalmente a un pueblo cercano en bici. Eran treinta kilómetros que podías hacer más o menos en un paseo. Hoy apenas voy allí, porque es jugarse el tipo: han puesto una vía rápida y si quieres acercarte en bicicleta tienes que desviarte por pueblos de montaña y por caminos de aldeas en los cuales no solo echas más tiempo, sino que llegas agotado a tu destino. Aparte de, en las zonas de confluencia con la autopista (de acceso o salida) te juegas literalmente el tipo.

Y eso con suerte, porque en otras partes lo que han hecho han sido retirar la carretera nacional y hacerla más ancha convirtiéndola en autopistas. Hay lugares a los que antes iba en bici a los cuales ahora no puedo ir por esos motivos, y cada vez son más.


Comprendo que es bueno tener autopistas y vías rápidas, pero no debería ser a costa de dejar los núcleos rurales incomunicados, destruir vías ferroviarias, e impedir el tránsito en vehículos más ecológicos (y con muchas más limitaciones que un coche) como las bicicletas.

Estoy seguro que son muchas las personas que se desplazarían en bici si pudieran si no se jugasen el tipo en la carretera, si a la vez que hacen autopistas se preocuparan también por la comodidad de las gentes locales (y la sanidad ambiental) e implantasen también rutas y trayectos pensados para las bicis. Pero esto, como casi siempre ocurre, mientras no lo hagan en Estados Unidos para que aquí los envidiosos de siempre les copien, no lo harán.

El culto al automóvil, promulgado por programas del culto al cuerpo o el culto al dinero como "Fast N'Loud", "Counts Kustoms" y tantos otros clónicos, supone toda una enorme industria que incentiva la velocidad, el aceite y el humo sin importar nada más.


Hay gente totalmente adicta al automóvil, que empeñan su casa, salud y futuro por una cutre marca de coches, cuando hoy por hoy la mayoría de ellas son lo mismo y tienen lo mismo.

Una bici, con la tecnología actual y solo una ínfima parte de energía, podría desplazar perfectamente a millones de personas a diario en España. Pero no interesa que sea así porque se caería el sistema, este sistema construido sobre el oro negro del petróleo y anquilosado en la depravadora alianza entre el poder corrupto y el desinterés.

Mi amigo vive estos últimos días sin coche mordiéndose las uñas. Me pregunto qué pasaría si a todos esos que no saben entender la vida sin un coche, se les retirase de repente. Estoy seguro que muchos preferirían morir.


| Redacción: RevistaBici.blogspot.com