
Cuando sufrí mi desafortunado accidente con la bici, llevaba mis fieles gafas Adidas, y una de las heridas más profundas que tuve fue debido precisamente a que una de las patillas "se clavó" en el lateral del ojo izquierdo (gracias a Dios no llegó a afectarme el ojo...) y aunque las gafas son de resina y con bordes romos, con el brutal impacto sí que cortan, ¡y vaya si cortan!
Así que además del casco integral, una de las cosas que tuve claras que debía renovar en mi equipamiento durante mis salidas en bicicleta son las gafas. Normalmente no les prestamos mayor atención, pero las gafas es un elemento vital que nos puede aguar una divertida salida en bici, convirtiendo lo que debería ser una agradable mañana (o tarde) en una procesión de visitas a médicos y hospitales. Y es que unas buenas gafas pueden convertir un accidente en una anécdota, y, al revés: unas malas gafas pueden "desgraciarnos" para toda la vida.