
Elegir el aluminio como material para la horquilla de una bicicleta no es precisamente una buena idea. Nadie lo hace -o casi nadie, que esté en sus cabales, claro-, y es por algo. Orbea ha tenido que sufrirlo y descubrirlo en carne propia. Y esto resulta llamativo que le ocurra a una marca con tanta historia, que se la presupone con la suficiente experiencia como para saber cómo trabajar con este tipo de materiales y, sobre todo, dónde no colocarlos.
Pero alguien en Orbea ha metido la pata o ha pecado de novato, ya que el riesgo de "catástrofe" (que se le parta a uno una horquilla en pleno descenso no es nada agradable, y puede conllevar serias heridas para el ciclista, e incluso la muerte) es evidente.