
El mundo de los lubricantes es un lío tremendo. Hay marcas por todas partes, todas te prometen lo mejor y lo más avanzado, claro que también tienen su contrapartida: cuanto más calidad busques, más precio te pedirán. Lejos quedan ya aquellos tiempos en donde el aceite a nuestra bicicleta lo podíamos sacar "de cualquier lugar", incluso usando el aceite de nuestro automóvil o el aceite universal que venía en unas pequeñas bolsitas monodosis (también para uso en piezas de motores).
Hoy en día el mundo de la bici reclama algo más. No es simple lubricación, también es protección ante la corrosión, ante los agentes atmosféricos (la bicicleta es uno de los vehículos más expuestos a la intemperie: todas sus partes están a la vista y sufren el viento, el polvo, la lluvia, el frío y el calor). La decisión por un buen aceite hará que la inversión en los componentes de nuestra bici (y en la bicicleta misma) merezca la pena. No solo alargará la vida de la bici, sino que además nos ofrecerá un manejo más cómodo, confortable y seguro, por lo que conseguiremos mayor provecho de nuestra fuerza al moverla y desplazarnos con ella. Por lo tanto el "asunto" de la lubricación conviene tomárselo muy en serio, y conviene también hacer un esfuerzo en conseguir un buen lubricante, en lugar de obtener uno genérico que no solo acabe por ensuciar la parte a lubricar, favoreciendo la adherencia de elementos externos como motas de polvo del ambiente (que actúan como auténticos abrasivos y que pueden dañar el componente de la bici), sino incluso llegando a hacer que la pieza se deteriore por una lubricación defectuosa.